19 días de confinamiento.
Europa no tiene prisa. La rancia y vieja Europa nos sigue
mirando por encima del hombro. ¿Unión? Europea. Sólo para lo que les interesa.
Para todo lo demás, nos dan viento fresco. Y se quedan tan anchos. No vamos a
aprender. Nunca lo hacemos. Tenemos complejo de inferioridad y una gratitud
eterna a ese entramado político que es Europa. Espero que algún día, los que
saben más que yo, me puedan explicar los motivos.
Por si esta realidad fuera poco terrible, nuestro gobierno le
pone toda la tensión posible. Anuncia sus medidas a cuenta gotas. Cada vez que
los escucho darnos ánimos, le daría un puñetazo al televisor. Con los ánimos no
se pagan los recibos de autónomos. No se pagan las hipotecas. No se pagan los
alquileres. Ni se come. Realmente tienen razón en que esto pasará.
La cuestión es cómo lo hará.
No es fácil gobernar en una situación así. No quisiera estar
en su pellejo. Pero esperaba más valentía. Ya lo he dicho.
Y ya, a estas alturas, todos somos héroes. O estamos más cuerdos
que nunca o a punto de perder la cordura….y parece que aún nos quedan días.
Demasiado tiempo para pensar. Demasiado tiempo para todo y para
nada a la vez.
Hoy, por primera vez después de 7 días, he salido a comprar, usando las medidas de protección necesarias. Ha sido raro. Un vez más. Con
todas las personas con las que me he cruzado he intercambiado miradas. En todas
ellas había complicidad. Hay civismo en la calle y en las tiendas. Por lo menos
es lo que yo he visto. Seguro que hay excepciones. Siempre las hay.
En casa seguimos sin ver las tertulias de in-expertos. Sólo
noticias, y no de cualquier cadena. Huimos de periodistas sensacionalistas. No es
momento para la prensa amarilla.
Seguimos llenando las horas. Cuando no estoy echando una mano
a mis alumnos con sus ejercicios de mates o preparando materiales, nos
dedicamos a desempolvar juegos de mesa
de antiguos Reyes que no habíamos tenido ocasión de estrenar. A rebuscar lecturas
entre las librerías. A ver películas. Además hoy he comprado una revista
de pasatiempos que podemos resolver juntos. A hablar
con amigos, incluso ahora más que antes. Ahora tenemos tiempo para hacerlo. Aún no
nos hemos aburrido. Ni creo que lo hagamos. Tenemos recursos. Y si
no, los inventamos.
Me sorprende a mi misma como echo de menos poder salir a dar
un pequeño paseo. Aunque sea a la calle de al lado. Miro por la ventana y esa
vista tan conocida, me produce añoranza. Ha llovido y a través de la ventana me
llega el olor a tierra húmeda. Noto el efecto beneficioso que me ha producido
al instante. Las pequeñas cosas de las que siempre hablamos.
Cada día aumenta un poco más mi lista mental de personas a
las que quiero abrazar. A las que debo un abrazo. Algunas a las que no he
podido acompañar en estos momentos más que difíciles, por lo que me siento culpable aún sabiendo que no puedo hacer nada. Es muy probable que si tú
estás leyendo esto, tu nombre esté en esa lista de abrazos pendientes. Si no lo
está, no tendré inconveniente en incluirte, si así lo deseas.
Mientras llega ese momento, seguimos confinados, mirando a
través del cristal como cambia todo a nuestro alrededor.
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