En un escrito anterior un cariñoso anónimo comentaba que hay personas que son luces en la Tierra y seguro que lo entenderá si ahora las retomo para decir que se ha apagado una luz en la Tierra para encenderse en el cielo.
Su existencia debe ser un ejemplo de coraje, de lucha, de voluntad, de superación y sobre todo de humanidad.
Una persona que sí ha hecho mucho por la humanidad y que quizá no ha recibido el reconocimiento que de verdad le habría tocado, a pesar de que él no era amigo de homenajes. El premio Nóbel de la Paz ya le llega tarde, ¿en que mundo viven los que premian? Han sido capaces de ver a Al Gore y no han sido capaces de ver todo lo que este gran ser humano ha hecho por todos. A unos por enseñarles que otra vida es posible y a los que conocemos esa otra vida por enseñarnos a ser más sensibles y apreciar que la felicidad no está en las cosas materiales
Su recompensa era la curación de un enfermo, la sonrisa de un niño, el cubo de agua sacada de un pozo, el trabajo de una mujer,...
Ahora, él ya no está físicamente pero si quedan muchas personas que seguro van a continuar su labor de la misma manera y entrega, por que han vivido a su lado y se han empapado de su humildad y sus enseñanzas.
Hace muchos años ya que tengo el placer de colaborar en su Fundación, un grano de arena comparado con su entrega y quiero animar a todo el que pueda a que colabore con ellos. No hay palabras que puedan explicar las emociones que se sienten cada vez que recibes el sobre blanco con el borde de rayas azules, rojas y blancas. No puedo evitar que las manos me tiemblen mientras las abro y siempre, inevitablemente, acabo con los ojos llenos de lágrimas.
Y todo esto lo ha hecho posible una sola persona, que no creía en milagros, los buscaba. Ahora somos muchos miles los que le admiramos y admiraremos.
Sirva de experiencia para todos su manera de entender la vida y su filosofía sobre la humanidad. Hasta siempre, namaste, amigo.